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miércoles, 13 de mayo de 2015

Coka en Raphia DIY.



Me encanta probar técnicas, y materiales nuevos, y otros no tantos, pero la verdad es que los que me apasionan más son el hilo de aluminio y el papel. Adoro la creatividad que nos da el papel, y si es de libros con aroma a viejo, más todavía.




Esta vez he usado un material para este trabajo que se aproxima mucho a la textura del papel, solo que es más suave, no tiene ese aroma a viejo que me gusta sino que es más moderno. Está tintado pero el resultado es superdelicado delicado y sobre todo llamativo.

He elegido la Raphia como material para crear mi último tocado infantil. Se trata de un género de planta perteneciente  a la familia de las palmeras y originaria del continente africano. Las fibras de esta planta tiene distintos y variados usos, pero sobre todo en el textil, porque con él se confeccionan sombreros, bolsos e incluso zapatos.



Al tratarse de una fibra vegetal también tiene variadas cualidades, yo destacaría tres de ellas:

- Las fibras naturales vegetales son totalmente ecológicas, y su uso está respaldado e incentivado por las principales organizaciones ambientalistas del mundo.

- Las fibras vegetales dan una alta sensación de confort además de no general alergias e irritaciones en contacto con la piel, pero siempre teniendo en cuenta si están tintadas o no.

- Las fibras naturales tienen muy buena suavidad natural.

Después de toda esta explicación que os he dado creo que es el momento de enseñaros como lo hemos hecho.

Primero cortamos tiras del material a la medida que queramos,para hacerlo mas chulo podemos cortar unas mas grandes que otras.

 

Sobre una base de fieltro vamos cosiendo uno a uno las tiras de raphia y le vamos dando forma de pétalos y de flor.


 Una vez terminado este paso,vamos a ponerle la plumas,y para ello las cosemos sobre la flor de raphia que hemos hecho.


Siguiente paso ponemos las flores de papel y las vamos a coser, una a una,y también las fornituras de plata.Este último paso con mucho cuidado porque las flores de papel son muy duras y cuesta que entre la aguja.


Ya tenemos nuestra Coka lista,solamente hay que ponerle la base sujeta al fieltro ,o una gomita o una pinza.Lo que mas nos guste,aunque yo para este tipo de material recomiendo las pinzas ya que es un  producto muy delicado y frágil.






lunes, 15 de diciembre de 2014

Rudolph el reno: un cuento navideño.



La verdad es que  a menudo no nos damos cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, ya es otra vez Navidad. Otro año de nuestras vidas que se ha pasado como un suspiro.
Últimamente no es que tenga demasiado espíritu navideño, tampoco os voy a engañar, pero al final te dejas arrastrar un poco por la vorágine y la marea, sobre todo teniendo niños pequeños, como es mi caso.



La  verdad es que nosotros no somos mucho de villancicos, pero siempre hay alguno  de ellos que nos gustan más que los otros, uno es el de “La Marimorena” ,el del “Olentzero” y por  último siempre canturrean en casa las peques el de” Rudolph, el reno”. Este último creo que es más por la influencia del señor Disney  y sus dibujos más que por  cualquier otra cosa.




Según se dice el trineo de Papa  Noel, ese  que va cargado de regalos navideños, va tirado por nueve renos y uno de ellos se llama Rudolph, además es el que guía la manada debido a su peculiar nariz roja.
Sin embargo esto no ha sido siempre así porque Rudolph  desde chiquitín era un reno solitario, triste y sin amigos, porque había nacido con una peculiaridad, su naricilla era roja  y redondita como una guinda. Todos los demás renos se reían con él y hacían bromas muy desagradables  y peyorativas sobre su naricilla y su aspecto.
 



El pobrecillo se sentía muy avergonzado, y a cada instante se iba alejando un poco más de la gente y de sus compañeros. Su familia, al verle triste, sentían también esa tristeza y ese dolor.


Un día Rudolph decidido coger la puerta y abandonar su casa, su pueblo, a los demás renos y empezó a vagar en solitario por el mundo. Así día tras día hasta que llego la Navidad.

La víspera de Navidad Santa Claus empezó a preparar su trineo, y a colocar y alinear a sus 8 renos: Donner, Vixen, Blitzen, Cupid, Comet, Dasher, Dancer y Prancer. Entonces una espesa y tremenda niebla empezó a cubrirlo todo impidiendo que s saliesen a repartir los regalos navideños. Desorientado y asustado, Papá Noel se preguntaba cómo lograrían volar el trineo si no conseguían ver nada. ¿Cómo encontrarían las chimeneas?, ¿Dónde dejarían los regalos?






Entonces Santa a lo lejos diviso una luz brillante y roja, era la naricilla de Rudolph. Se dirigieron hacia ella y Santa personalmente le pidió  que guiase el trineo para llevarle a todas las casas del mundo. El reno maravillado no podía creérselo pero acepto de inmediato.






Y fue así como Papá Noel consiguió entregar todos los regalos en la noche de Navidad, gracias al esfuerzo y la colaboración del reno Rudolph. Sin su nariz roja, los niños estarían sin regalos hasta hoy. Rudolph se convirtió en el reno más querido y más admirado por todos.




 

viernes, 10 de octubre de 2014

Otoño



A medida que pasan los días,  estos se van haciendo más cortos y oscurece antes, de igual manera nos encontramos con que  amanece más tarde. Tenemos menos horas de luz que durante el verano, y es que queramos o no, llegó el otoño.




Es en otoño cuando la naturaleza nos llega a regalar imágenes imposibles de belleza, los colores verdes del verano y de  la primavera empiezan a amarillear, a  ganar tonos marrones y granates. El suelo se convierte en una alfombra marrón y reseca creada por las hojas que poco a poco se van cayéndose, mecidas por los suaves roces del viento. Las luces de otoño y el contraste de los árboles, nos regalan, verdaderas paletas de colores otoñales, y la naturaleza se cubre con matices verdes, amarillos, naranjas, ocres y rojos vivos.



 
Los matices de color del otoño dependen de la naturaleza, porque las hojas de las plantas poseen unos pigmentos que poseen unas moléculas las cuales atrapan la luz, la absorben y hacen rebotar de una manera diferente los rayos de luz. Cuando la luz que rebota desde las hojas llega al ojo, se produce una sensación de color distinta en función de cómo haya absorbido la hoja esta energía.
Cuando los días se hacen más cortos, la clorofila que ha empezado a degradarse absorbe la luz solar y convierte las hojas s a tonos morados, rojizos y azulados.















Además de clorofila, las hojas tienen unos pigmentos conocidos como carotenoides y flavonoides, que pueden darle a las hojas sus colores amarillos, naranjas y rojos. Durante la época estival apenas se aprecian estos pigmentos porque la clorofila los camufla, pero es en otoño cuando todos ellos se degradan, y en este caso, los tonos verdes lo hacen de manera más rápida. Entonces las hojas adquieren esos colores  amarillos naranjas.



El otoño, a  pesar de ser una época en la que  las temperaturas son más suaves, despierta  el espíritu de exploración, de los largos paseos por los montes, por los senderos para dejarse llevar por todas las sensaciones que la lluvia de hojas despierta. Es una estación de ensoñación, tanto para mayores como para pequeños  y una buena oportunidad para acercarse a la naturaleza, a sus nuevos colores y sentimientos.



Existe una leyenda procedente de  Tierra del fuego y conocida como  KAMSHOUT y  el otoño (el origen de los loros)”.
Los bosques siempre estaban verdes porque los árboles jamás perdían las hojas, ni cambiaban de color al llegar el otoño. En aquella época, vivían cerca del fin del mundo, un pueblo conocido como Ona. En ese pueblo había un joven llamado Kamshout.



Cierto día, Kamshout partió para realizar un viaje a tierras lejanas. Pasó el tiempo, mucho más de lo esperado, pero el joven no regresaba, todos extrañaban al muchacho y las historias que él contaba al volver. Al ver que no volvía su familia y amigos lo dieron por muerto.
La aldea permaneció triste durante muchísimo tiempo, pero cuando ya nadie lo esperaba, Kamshout apareció. A su vuelta les contó que había descubierto un lugar mágico, lleno de belleza, poblado de hermosísimos bosques,  que daban la impresión de no terminar jamás, los árboles perdían las hojas al llegar el otoño hasta parecer  totalmente muertos. Pero, con la llegada de la primavera, con los primeros rayos de sol y de su calor, pequeños brotes aparecían  hasta lograr poblar los arboles verdes, todo volvía a brotar como por arte de magia. Nadie le creyó, y todos se burlaron  tomándole  por loco.



Muy triste y enfadado decidió irse para siempre, se internó en el bosque, nadie lo volvió a ver.
Pasó el tiempo, el joven regresó convertido en un pájaro, poseía unas plumas  verdes y  amarillas por el lomo, y rojas en su pecho. Su pico era ganchudo. Se había convertido en  un loro.


 
Cuando llegó el otoño, comenzó a revolotear de árbol en árbol, al rozarlos, con sus plumas rojas los fue tiñendo a todos  de colores rojos. Después comenzaron a caer, las hojas convertían  el suelo en una alfombra marrón dejando  los arboles desnudos por completo. En el pueblo todos pensaban que  se iban a morir.



Entre la angustia y las preocupaciones de los habitantes, iban pasando los días y las noches y  llegó la primavera. 


Las ramas de los árboles comenzaron a cubrirse con pequeños y apiñados brotecitos verdes. Que grande fue la sorpresa al comprobar que Kamshout no había mentido.





Desde entonces, se cuenta que los loros se reúnen en grupos en las ramas de los árboles emitiendo sus característicos chillidos para reírse de los incrédulos.